La Francesita de Alask

Estar lejos. Ser distante. Ser diferente. No preguntar. No asumir el riesgo, y tal vez, responder los porqués.

IMG-20151023-WA0015Sumiso en la melodía correspondida. Llevando pecados propios. Imaginando pasos hacia otro camino. Volviendo de nuevo a casa temporalmente.

Te vi otra vez. Aprendí tu nombre en español. Observé tus fans que deposita tu red social, y aquellos cercanos. Sospeché que no le tienes miedo al fuego, tampoco a caminar el desierto, pues tu padre es el amo y dueño de todo.

Tiempo luego, tu nombre se acercó al mío. Respondí. Abierta, tranquila y curiosa esa fue la chica que entro esa mañana hace varios meses.

Uno nunca sabe quién puede aparecer. Quien te puede hacer sospechar otro tipo de mundo, una manera positiva de apreciar lo que se tiene. Y es que Alask no ofrece muchas garantías para sobrevivir. Tampoco hay mucho espacio como para lidiar nuevos nombres y circunstancias. En medio de papeles, carpetas y recordatorios de: “Ben, para que?“. Esta esa chica tiene un nombre: “La Francesita”.

Las personas tienen la libertad de opinar, de preguntar, de irse, de no regresar, de olvidarse. En eso consiste muchas historias. La mía trata de ser coherente con lo que pienso. Trata de sacar espacio en Alask. De ser honesto con aquellos que tocan la puerta y preguntan. Pero ella tiene una manera especifica de golpear la brisa, de levantarse, de ejercer autoridad y eso la hace merecedora de un texto corto, bello y casi incomprensible en alguno de sus apartes. Gracias por guardar silencio cuando lo pido, pero gracias también por tocar heridas no sanadas aun.

Una Flor

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Una flor puede durar un verano. Las flores se debilitan en el el invierno, y el invierno pareciera ser la sentencia de muerte para muchas, pero la flor auténtica somete la piel ante el calor y el frío, ante la oscuridad y la esperanza, ante la soledad y la compañía, ante cosas que sólo se despiertan en mis ojos algunos días donde dejó de mirarme y las miro, las observó y donde me miran y una que otra me sonríe, donde lloran sin mojar sus mejillas que hacen dos huequitos y donde la flor ha pasado nuevamente otro crudo invierno sin mí, sin nosotros.

Todo el peso que hay detrás de una rutina, del compromiso de seguir insistiendo en el andar por los sueños, que algunas llaman hogar, familia, amistad, amores eternos, perdón, un sin fin. Lo extremo es el don de ellas, es algo absurdo para nosotros que nos revolcamos, y somos cenizas en nuestros límites de pensamientos mientras para ellas es algo lógico como su tiempo.

 Son flores, flores que van de estación en estación sabiendo cuando brillar y auto guardarse para la lluvia y el frío, para golpes de vida (y no hablo del físico que en muchas ocasiones siempre viene de nosotros desgraciadamente) haciendo el curso de sacrificios que a veces el aire no se percata. al terminar, cuando cae la noche, hay un pedazo de nostalgia colgado en el escaparate que hace dueña aquella madre que respira algo cansada mientras el mundo duerme en los colchones que fueron alistados y cubiertos con sábanas, y almohadas por ella mientras nosotros nos divertíamos.

Feliz y con opciones continuamos la carrera, mientras ellas sienten y sacan de sus labios el te quiero, pero un día como muchos, se termina la flor, y se van en un descuido, en una enfermedad, en el maltrato verbal, en el físico y se las lleva y quedamos solos, sin amigas, ó sin hermana, ó sin novia, ó sin esposa, ó sin madre ó  sin hija y entonces notas el vacío, el hueco, el colchón desordenado, y las sábanas sucias, y tú vida como una larga rutina, sin encontrar con que sonreír.

beso¿Sí no existieran? Los días fueran dos, tres, y hasta cuatro en uno sólo. no habría que contar historias, ni aventuras porque no las habría. El aire pasará y no se detendría en nosotros. Las aves estarían en sus días aburridos, pensando que algún las haríamos pedazos. El corazón fuera un mundo abandonado que está en nosotros porque sí, pero más bien fuera como el cuarto de san alejó. El amor bajara de posiciones como la temperatura del polo norte, sería como un ángel endemoniado. Si no existieran seguro no tendría a quién escribir, porque alguien me ha hecho grande como mamá. Alguien me hizo mejor con aquella princesa que conocí. Alguien que miro y me quedo allí como la madre de Haku y Emi que está esforzándose y aprendiendo. Alguien me dice que puedo ser frágil más no débil, brillante, y equivocado y son amigas. Alguien pinta mi rostro y es mi dulce hermanita. Alguien nos enseña cosas y son las flores, vestidas de mujeres, aunque a veces debieran irse por un tiempo para aprender ciertas cosas a la fuerza, porque parece que ese es el mejor modo de que aprendamos. Dios sabe y sabia todo, por eso están  y aun es el momento y no las aprovechamos, aun seguimos en deuda acumulada. ya me acorde la mala noche en que mi hermanita me saco una sonrisa, ya volví a sentir el abrazo de aquella amiga en el invierno azul, ya volví a mirar los ojitos tiernos de aquella madre de Haku y Emi, ya volví entender a mama el día en que perdí. Están  y ojala que hoy fuera todos los días, por algo Dios las creo, por algo mas allá de lo escrito y vivido.

“Recordar por siempre lo que  encontré en un sólo rato

La foto en que te recuerdo

El mensaje guardado que está mi celular

La mano que está en mi manito cuando nací fue hermosa con el olor de la noche mágica en que amaneció con sol

Los ojos vestidos de mariposas me hacen temblar y esperar aquella madre de Haku y la divertida manera de colorear de Emi, me despierta hoy que no están”.