No buscaba la respuesta

Nunca ha sido fácil escribirle a alguien que escribe. De hecho, escribir de alguien ya es un crucigrama japonés. Trato de ser objetivo, claro, tranquilo, y sincero, sobre todo eso, aun así no deja de ser una gran responsabilidad.

Escribir es más interesante que las palabras, porque los humanos tendemos a decir muchas cosas a causa del calor de las emociones, y el tiempo termina pisoteando frente a nuestros ojos las vagas palabras. Escribir queda allí, sobre un papel escondido en una gaveta, en una página de red, pero sobre todo queda en el alma, esa que no se oculta, ni se desconoce.

“Porque al final de todo, uno se recupera de uno mismo”

Hace un tiempo me encontró en mi lugar, desde aquel momento hemos tenido la oportunidad de conocernos, y conocernos bien. Es que en si, esa ha sido tu misión y la mía: pasar tiempo hasta destruir al mundo y sus fuegos con rifles, colorear avalanchas y hacerlas tobogán, caminar y terminar corriendo detrás del autobús de Jesús.  Es la canción que está en nuestra mente y le ponemos letra, es un sentimiento que no pasa por el dinero, es la dicha de saber que hay alguien a quien le importas, incluso cuando uno mismo ha sido derrotado. El vacio, la nada, el silencio son rincones que has descubierto, y eso no se consigue con el whatsapp.

Tenerte amiga, es una locura del tamaño de un océano, de la transparencia del agua de la isla titipan, de lo refrescante que llega ser cuando estamos luchando en el desierto. Pero tener una amiga, y que a su vez escriba, y que está metida de lleno con la locura de Somos Alma, no tiene precio. Eso se llama amor, se llama amistad. Que bueno tenerte en Saturno y en Alaska, saber que hoy es otro momento más que papito Dios nos permite fotografiar con sonrisa incorporada, a pesar que la vida no sea sencilla como un juego de parqués. No buscaba la respuesta, pero Dios también se emociona con nuestra vida, y manda amigo para la vida.

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Mis Ojos

Nada está escrito en su totalidad en mi libro de historia, así que sin tanto sonido, aquí estoy a oscuras. Empieza está noche, demasiado sublime por así tratar de escribirlo. Aquí estoy con ese silencio que es tan agradable, y con estas inmensas y fuertes gotas que se mueven dentro de mí y que salen como rocío de la mañana. No pensé, ni imaginé llegar a donde estoy, pero Dios ha sido un groso conmigo.

Yo prefiero escribir, que hablar, prefiero a pocos que a muchos. Sin duda alguna he visto mis ojos frente al espejo, los he visto saltar sin paracaídas como un niño detrás de niña linda. Los he visto quebrarse ante el dolor por la ausencia de alguien que ya no está aquí en mi globo. He visto mis ojos callarse durante años por esa ausencia de un abrazo que hubiera calmado mi descontento ante las adversidades que no entendía. He visto mis ojos no parar ante aquella soledad que viví de forma libre ante mi depresión. He visto como me preguntaba cuando daba todo de mí y no salía nada bien, pero sobre todo he visto cuando me miro y me dio un lugar cuando no me encontraba yo y son los mismos ojos que cada día, El le da vida, los mismos que me dio al nacer.

Cuan duro es estar de pie resistiendo. Cuando duro fue aquel febrero del 1987, cuando los doctores no daban nada por mí y mes después, salí con esos ojitos de inocencia y sonrisa. Cuan duro ha sido aceptar cosas que no hay, y que tanto necesitas como el mismo aire. Cuan duro ha sido escribir tantas letras, con tantos momentos guardados en mi gaveta de memoria. Cuando dura es la vida misma, y elegir a cada segundo a ti, El que me hace fuerte en mi debilidad. Cuán grande es ver como mi corazón se levanta de la nada y da un segundo más.

No hay regaló más grande en el mundo, que ustedes me pueden dar. No hay sonrisa más bella que la madre de Haku me quiera dar. No hay nada que podrán hacer, que me alegre demasiado el corazón que saber que Dios pensó y planifico un día en el mundo para que yo naciera y ustedes me conocieran.

Gracias a todos, los que siempre me leen, y los que hoy lo hacen. Aquellos que apenas se asoman por la ventana. Aquellos que ya tienen momentos conmigo. Aquellos que ven de lejos y aquellos que comparten calidad de tiempo. Aquellos que discuten conmigo, y los que saludan en mi Twitter. Aquellos que tratan de entenderme y los que no. Aquellos compañeros de iglesia, de trabajo, de vida, Gracias por su espacio. Gracias a los que son familia pinguinera, y a los de la monada. A los dos que admira mi alma: Becky & Manger (hermanitos), y a la gloriosa mamá que nunca me dice un No para mí. Gracias a niña misteriosa por dejarme estar en tú playa y tirarme arena a cada momento con tanto amor puro y hacerme crecer, y a Pitufinha por ser la niña de Neptuno que está cuando otros duermen.

Y que sí Dios es un groso? Jejeje es un súper groso, aun cuando hago bien o hago mal o  cuando todo está mal para mí.