Película de felicidad

lamonadaMe habían llamado para ser parte de una película de felicidad, en la que tendría participación. Hay películas malas, con guiones pésimos, con actores fatales y con unas locaciones que dan melancolía. Esa mañana fue enredada. Desperté algo confundido. Estaba algo hipnotizado, ansioso, por cosas que me distraían. Hasta que llego la tarde, y me desprendí de todo ello. Mi cabello como era de esperarse, algo desubicado, un poco malgeniado. Sabía que la brisa estaría allí, lista para hacer de las suyas, así que me unte el gel posible para que le diera toda la lucha posible y derrotara a la brisa. Me cepille, me vi los ojos, y sonreí. La pausa, el pañuelo, el jean y por supuesto mis tenis. Deje lo ultimo para aquello que no es usual en mi: “la guayabera blanca”. Me la puse y salí.

A veces no les pasa que sienten que todo el mundo los observa? Y la respuesta que encuentro a esa pregunta es que nadie te observa. Camine y llegue. Nos esperaban. Me esperaban. Que importante detalle, que enorme es saber que te esperan. Eso dice mucho, eso escribe que te aprecian, que te quieren bien, que te tienen en cuenta, que eres parte de ellos. Fueron llegando rostros conocidos, eran ellos los mismo que hace 8 años atrás caminaba inocentemente por las escaleritas del viento hacia el hotel Viafara, los mismos con quien discutí, me enfade, sonreí y cante. Como pasa el tiempo en la cedula, y lo más importante es que para la memoria del alma y el corazón, es como si fuera ayer. Que increíble que a pesar de todo ello, el sentimiento logra estar intacto, aunque el tiempo nos presiona, la vida nos apura, y nuestros sueños están allí en la casi cima de la montaña, uno sigue estando en un gran capítulo. Cada uno tiene hoy su propia historia, y lo importante de esa tarde es que todos éramos parte de una sola: “La historia de la felicidad”.

Llegamos a la locación donde sería el rodaje de la película, y saben que, quede sorprendido con lo que mis ojos apreciaban. Las luces, los girasoles, la puesta en escena, los personajes, la ambientación musical, todo estaba allí como en un sueño. No falto nada, no hizo falta nada. La atmosfera tan cálida como estar en la sala del hotel. La libertad de guardar silencio, de reírse era todo un arcoíris de alegría. La película, un viaje de cómo se juntan dos almas que no se conocían y llegan a ligarse tanto que jamás son separadas. Poemas, promesas, momentos, un pacto, que fueron escritos no solo de palabras, sino de acciones que comenzaron a tener sentido, que comenzaron a tener el peso de su significado, y que significaran todo.

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La película de la felicidad fue la grabación espontanea de hacer realidad algo que estaba en la imaginación de José (Lucia) que se hacía realidad. En eso consiste la vida, en vivirla y vivirla bien. Eso es la felicidad, es apreciar el presente, y modificarlo de tal modo que no tengas espacio suficiente a donde cargar tanta dicha, me entienden?

La felicidad, es tan eso. Los intentos extraordinarios de demostrarnos y mostrar la existencia de Dios en nosotros. Se movían como peces en el mar con la música. Yo me quede sentado, observaba felizmente como es que Dios nos ama tan infinitamente. Dios tiene ese acto loco de nunca irse, es un acto de confianza y amor sobre sus hijos. Feliz de haber estado en la película de la felicidad, y feliz por Jose y Danilo. La monada pide más, vienen más.

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La Monada

Eran estas fechas de diciembre cuando volví a entrar en aquel lugar que de chico había conocido (el templo de mi antiguo colegio, el 20 de Julio central) fui con mi primo Jaime quién me había invitado, ese sábado a Generación Jesús.

Esa extraña sensación de ir a un lugar que conoces, que recuerdas, y tener esa tal vez necesidad de volver a el en otras circunstancias. El templo estaba intacto, con ese piano elegante. Por mi parte yo seguía delgado como siempre, sin palabras en mis bolsillos, envuelto con mis propios pensamientos, me senté en aquella banca. Estaba lleno el lugar, vi saltar  los chicos con esas canciones que tenía en mi diminuto mp3 de pilas (Bartimeo, Loco, todo poderoso entre otras me eran conocidas). Escuché la predica, y me agrado la atmosfera. Cuando terminó me presentaron a lo que sería mi familia sin yo saberlo.

pide masEse sábado los distinguí de la multitud, escuche sus nombres. Eran espontáneos, diría que demasiado, no les importaba llorar, reír, o hacer travesuras. Eran chicos diferentes a lo que normalmente yo me tropezaba. Allí inicie con ellos, y aunque suena a “estar integrado con ellos”, no fue así, yo hacía exactamente todo lo contrario, y no por terquedad, mas bien porque me costaba demasiado abrirme, ser espontaneo aunque lo era a mi modo. Yo guardaba silencio, mas del que puedan lograr imaginar. Los observaba uno a uno, sin que se notara. Aun así ellos saludaban con la alegría, con la carga, con la falta de, con la abundancia de, pero eran espontáneos con lo que tenían dentro. Así me aceptaron, total en cada grupo siempre hay diversidad de personalidades y personajes. Comencé a parchar con ellos, era un grupo, un gran grupo (juntos & unidos) que solía ir después de aj a plaza de la paz (en ese tiempo era “La Plaza”) que luego con el tiempo tomaría el nombre de “Escaleritas del viento” (en honor a lo especial que se convirtió, en especial para mí, en otro post les escribiré de ese lugar), en otras ocasiones llegábamos al “Hotel Viáfara” a continuar con la insatisfacción santa que se había, o simplemente a estar.

Debo confesar que me tomo tiempo asimilar eso de “Hotel”, en realidad lo sigue siendo. Era todo un hogar, con unos padres en todo el sentido de la palabra. Nunca falto el consejo, la mano extendida, el llegar y sentarse sobre el mecedor, escuchar música, saludar, entrar al cuarto, desahogarse si era necesario, compartir el pan, la ayuda del cielo, ser corregido, ser instruido, amado y tenido en cuenta. Estábamos Ilesos, tercos, muriendo, soñando,  gritando las canciones de Rescate. Otras veces insoportables, tristes, deprimidos, en fuera de lugar. Así, era el “Hotel Viáfara”, el hogar, que es dirigido por los padres que fueron y que siguen siendo padres. El señor Walter y la señora Olga nos aceptaron a cada uno con nuestras cargas, nuestras estupideces,  y locuras,  y nos formaron con la palabra, con el ejemplo. En palabras más precisas era un lugar de formación. Encontré padre y madre sin haberlo solicitado, y sin darme cuenta que lo necesitaba (Pa Walter y Ma Olga Gracias ♡]]

Sin dinero, sin pretensiones de tener amigos porque no los necesitaba, los encontré. Crecí y fue muy duro eso. Lidiar a Benjy era tenaz, sacarle palabras, hacerle ver lo que había para él, sobre todo cuando alguien cumplía y cada uno expresaba sus deseos, eso era para mí todo un desafió (a veces una tortura). Pero en cosas tan pequeñas pude crecer.

MONADAEl nombre de “La Monada” no recuerdo bien a quien se le atribuye, no sé si fue lucia (José para mi), si fue óscar, Jaime, Eddy, Marcelo, Félix, Richard, Indira, o Benjy, pero sea quien sea, se le tomo ese nombre debido a la gran influencia que tenia la banda de Rescate en nuestras vidas, una influencia especial, y muy particular. Es como si Ulises (El vocalista, y líder de la banda) viera nuestras vidas por una cámara, como si leyera alguna de nuestras cargas, de nuestros sentimientos ante el mundo. En fin, el nombre de La Monada llego sin proponerlo en sí, es un nombre que se quedo con nosotros y del que nos sentimos identificados.

Sin duda luego de 8 años, hemos cambiado, hemos logrado sueños,  hemos trazado llantos de alegría pero también de dolor y consuelo. Nada ha sido fácil, nos separamos,  debíamos emprender un camino propio. La Monada es mi familia, son recuerdos y presentes, son regalos no merecidos, son sonrisas de la gracia, son avenidas de un camino que nos impulso a seguir creyendo el mensaje de la cruz. Los rescateros de almas, la monada pidió más y Dios no los dio. Tal vez en ese tiempo no tenía tanta certeza de cuanto amaba a Dios, hoy me doy cuenta que si lo ame, y que Dios los puso como pibes y pibas para sentirlo, para creer que si se podía con esas luchas que teóricamente ya estaban perdidas, pero que hacíamos de ello algo familiar para todos.

Al principio, y lo que va, seguramente nada hubiera funcionado, ni la hermandad, ni la amistad, ni las manos extendidas del uno al otro, ni las discusiones, ni los malos entendidos, nada, de no ser por Dios, él fue quién nos presento, no junto y nos unió, a Él la gloria por siempre.

Benjy