Day Six

#DayOne

Si, inesperadamente así fue.

Sostenía un vaso de café cargado con tres sobres de azúcar. Escuchaba música en aquel lugar donde suelo ir a leer, a estar conmigo o a esperar a alguien. y en uno de esos momento ella aparecía.

Habia pasado largo tiempo desde la ultima vez que coincidimos. Que agradable es estar con alguien y seguir siendo el mismo, a pesar del tiempo. Que bueno es sentirse bien con la otra persona, a pesar de los cambios que han ocurrido en la vida de esos dos.

La charla era interesante, sobre todo porque no es fácil tener una buena conversación en estos tiempo de crisis, cuando las personas suelen tener relaciones trágicas, hipócritas, y mal planteadas.

Recordé, y me di un sin sabor. Pense y suspire levemente mientras ella me hacia caer cuenta ciertas cosas de la vida. ¿En qué carajos estaba yo pensando cuando deje ir a esa chica? Creo que hay algunos factores: malos consejos, emociones precipitadas, miedo de volar con ella, o de no dar la talla, podría ser cualquiera.

Pero ya la noche ha llegado, el presente es otro.

Aprender a tomar decisiones, por que sin duda alguna en eso se nos va la vida.

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Day Five

Abrí la llave, y deje que el agua hiciera su efecto. En medio de eso recordé fechas. Recordé el 24, y me acorde que antes tenía motivos para . .

Han pasado como diez años cuando inició el proceso de conocer. Éramos felices, habían ganas de comerse el mundo. Aprendimos con poco, pero crecimos y eso hizo que voláramos. Hace ya dos años se fue la antepenúltima de un grupo en el que había estado que le llame: “la monada”. Era una familia. Hoy solo queda una con la que regularmente veo y escuchó. Con la que no estoy tan distante y que de cierto modo he seguido allí. Andamos en eso de realizar la vida. No es fácil sostener una amistad en tanto tiempo. Perdonarse, comenzar, alejarse a ratos, regresar y buscarse, interpretar el otro lado del mundo. No es tarea sencilla. Poco a poco nos iremos envejeciendo, y ¿qué quedará? 

Quedarán los momentos. Las búsquedas. La dicha de aceptar los momentos esenciales. Apreciar la ruina del otro y abrazarlo. Queda la verdad. La fotografía enmarcada en la memoria. La vida es corta, y hay que vivirla bien, y para eso hay que estar bien rodeados, ya sea de silencio y soledad, o de pequeños momentos de alegría y realidad. La amistad es  . . creo que puede lastimar igual o más que un amor.

Sé que el recibo del agua me va a llegar cara el otro mes.

Me seque y me acerqué a escribir lo que había pensado recordado.

Day Four

Desperté, era otro bonito día. Caminé un poco y luego vi algunos rostros. Llamé y no me contesto, así que estando cerca de lugar, la vi con otro par de conocidos que se volvieron desconocidos. Me acerque, salude y de allí salimos en busca de un café.

Sin lugar a dudas con el tiempo hemos hecho de esta relación, una amistad y lo que eso significa en estos tiempos. Ser lo que realmente somos. Un par de humanos con fracturas que luchan por estar en pie.

Nos sentamos y comenzamos a hablar de la vida, de las situaciones que nos suceden, de lo que significa estar en ella. Me encanta la manera en que hemos abierto el corazón a ciertas áreas de nuestra vida. A cierta edad, a cierto tiempo muchas veces nos ponemos con cierto tipo de seguridad por la forma en que otros han vulnerado nuestra vida, como otros han estropeado nuestros sentimientos. Por eso ha valido la pena conocerle, ser como realmente soy con ella me ha vuelto a pensar en la amistad como debe ser. Hubo una parte de la charla que en ella se desprendió, hablo de su humanidad, mostró su debilidad. Me gusta cuando las personas son reales. Ella es real.

El punto es que con todo eso encima, la vida nos quebranta, nos lleva a padecimiento para mostrarnos algo, para que escuchemos algo, para que tomemos decisiones sobre personas, lugares, para terminar contratos, para avanzar.

La vida no existe para esquivar las tormentas, ni está diseñada para librarte de ellas. La vida está hecha para saber cómo soportar las tormentas. Que tu vida este firme en medio de ellas. En momentos así sale a flote muchas cosas, salen de las profundidades cosas que no sospechábamos que están dentro de nosotros.

El café se había terminado, y la esperanza continua.

Day three.

Llegue a casa luego de un día algo largo. En medio de mi recorrido vi a Tita sobre la cama. Así que entre sin encender la luz y me recosté sobre su cama. Ella estaba despierta. Un poco con malestar. Pase mi mano sobre su frente y estaba algo caliente. Allí me quede un rato y me pregunto si deseaba algo. En realidad no deseaba nada, sólo estar a su lado unos instantes. No soy el cariñoso, pero a veces tengo ciertos episodios. No sé mucho del amor, no suelo ser muy amable con demostraciones love. Pero hay algunas personas que son sencillas de querer. Tita es una de ellas. 

#NuevoPost #ShortStories

Day Two

Esa fue su pregunta: ¿La amas?

Y mi respuesta nada certera fue: “no lo sé, en realidad no lo sé”.

Tome mi celular y lo cerré. Me fui al cuarto, y me quedé sentado un rato. Yo no espero ese tipo de preguntas tan violentas. Pero en realidad me ubico y me perdí por completo. La he querido desde que recuerdo. Mujeres como ella, son pocas. Son difíciles de amar, de sujetar y de lograr estar. Mujeres con una profunda aroma de libertad, con sueños tan reales que no creen en versos tan cotidianos. 

Quizás el miedo me arrastro desde aquella noche cuando deje ir a mi corazón solo, y se enfrentó con ella mientras mi razón miraba a lo lejos. Luego de allí, no he logrado ser el mismo chico. Supongo que ella tiene algo mío, que jamás he ido a buscar.

Dentro de mi hay una estúpida esperanza, y un deseo que sea lo que sea, quede así. 

#DayTwo #NuevoPost #ShortStories

One Day

Hoy no la vi, tampoco la escuché. Solo me detuve un momento para sentirla. No sé qué tan lejos pueda estar, o que tan cerca, pero brinde en su honor un helado. No sé si le gustan los helados, a mi en particular me encantan. Espero verte muy pronto, madre de Haku.

#OneDay #Días

 

¿Surfear letras?

Escribir no da dinero, y hasta ahora no da amigos con dinero, pero si buenos seguidores.

Escribir es como surfear la ola más alta del mundo mientras los demás están con sus celulares y cámaras grabando desde la orilla. La ola llegará, y mientras eso ocurre, uno anda en el mar, dibujando e imaginando la gran ola, mientras todos esperan de lejos lo bueno, genial, y divertido. Ellos esperan sacar la mejor letra que des, para compartir en sus redes, o ponerla como foto de portada en algún lado, o ponerla en su alma.

¿Surfear letras?

A veces no hay. Simplemente se agotaron, no hay más exhibición de letras. Toca esperar a que arreglen la tabla, y el cuerpo se componga. y para uno que mal o bien lleva algún tiempo en esto, es duro. Es como si el sol se le terminara su luz, si la ola se secará. Es un desastre, una tragedia de enormes proporciones.

Escribir a veces es tortura, es locura consentida, es estar en otra cama, en una silla con la persona que menos uno desea, y ama en un tiempo determinado. Es caminar tomado de la mano con esa chica que siempre te ha enloquecido, y estar a su lado hasta la noche se acerque, y ustedes terminan en su imaginación lo que venga.

Escribir es no estar, y estar. Es la depresión en una banca cerca del mar, es la soledad en una clínica un 18 de algún mes de mayo. Es viajar a mundo que no sabías que existía. Escribir es andar definiendo el amor y el perdón en el mismo grado y sentido. Escribir es también cuando no deseas escribir, o cuando tienes que hacerlo porque tu firma está en un convenio, entonces hay que darle como sea, agarrarte de cualquier inspiración, ¿y cuál inspiración cuando no la hay? entonces es un serio problema. A veces sería bueno no tener el don o la dicha o como quieran que le llamen de escribir.

En fin, esto de escribir, es regalar un poquito de pensamientos que se salieron de la jaula.

Sigo en mi silencio

¿Qué tal si Dios no fuera Dios?

Entonces pensemos ….

¿Qué vida me queda a mí?

¿Al borde de que esperanza puedo vivir?

La religión quebró hace rato, las relaciones suelen pecar en la distorsión del querer y el poder.  Van y vienen como un millar de olas, comienzan y terminan, ¿Bajo que premisa viviríamos?

¿Cómo sería la comunión entre hermanos?

¿Tendríamos hermanos?

Puedes hallar a Dios y su paz cuando quieras, sin cobros, sin facturas, sin dar NADA.

Por último, ¿sabías que Él te quiere llevar a un lugar? ¿Qué fuiste creado y que viene por segunda vez?

14 semanas de silencio me ayudan a pensar

#sigoenmisilencio

Apenas comienza

Mi vida era normal, siempre creí eso. Crecí en un hogar disfuncional como otros. Pero siempre sentí que era alguien que debía algo. No era parte del equipo de fútbol, y nunca me veían para jugar. No era el más alto, ni el musculoso, ni el dueño del balón. En clases no sobresalía con mis notas, y en casa no era muy notoria mi participación. Pero llegue a entender algo cuando la vida así me lo presento delante de mis ojos. Comprendí la enorme diferencia entre:“casa y hogar”. Una casa no es un hogar. Cualquiera puede tener una casa, pero no cualquiera construye un hogar. Yo tenía una casa con personas adentro, pero nada parecido al hogar. Al rato después nunca supe de mi padre. Tampoco hice las maneras necesarias por buscarlo. Supongo que su ausencia la vi venir y él necesitaba irse.

Observaba la vida de la forma en que lo ve un ciego. A veces me tocaba fingir, por cuestiones estratégicas. Fingía sin dolor. Yo era alguien que no era muy familiar con las personas. No era muy simpático, ni chistoso. Eso me costó chismes de oposición, bromas, regaños y algunas discusiones que terminaron en peleas. Creo que esa fue una de las razones por las que decidí seguir siendo yo, y lo que hoy soy: “el dueño de mi propia libertad”. Buena o mala para ellos, pero es mi libertad. Supongo que mi desierto no se notaba en la mirada, y tampoco los continuos terremotos que a diario afrontaba. En todo caso, yo sabía el peligro que podía ocasionar con ese tipo de gente de etiqueta a mí alrededor.

Crecí, quería crecer, y se me dio. No de la forma esperada, pero allí estaba de frente a una realidad cruel, miope, que pedía a gritos desesperados una acción. Así que sin remedio alguno, me fui de casa. Me prepare para irme, no fui por una emoción momentánea. No lo hice irresponsablemente. Me fui calculando los riesgos notorios a la vista, y de los que podía padecer. Sabía bien que la nostalgia de dejar unos hermanos que luchaban, y una madre, era lo que podía hacerme quedar en casa, pero era estar con ellos o cambiar el destino de mi vida, y ante eso no tenía otra alternativa que marcharme y luchar contra mí y contra todo lo que hay delante de mis ojos. Cuando estaba listo económicamente, trague en seco, y sin anunciar nada cargue mi maletín de cosas y me fui en el amanecer de un solo golpe, total el dolor no lo iba a fingir delante de ellos, así que me fui sin  mirar atrás. Tome el autobús que duro casi diez horas en carretera y llegue a uno de esos lugares que no conocía mucho, y que nadie me conocía.

En aquellos meses fueron duros. Uno extraña todo, y aunque conversaba con ellos por chat, y video llamada me di cuenta que la soledad me amenazo de frente. Me dijo que era más fuerte que yo, y que no intentara nada, que no me opusiera a su poder y a sus intereses. Que ocultara mi ridícula idea fugaz de valentía, y mi eterno juego de libertad que nunca había tenido. Me fui quedando solo con la rutina. La soledad tomo casi toda parte de mis actividades. Y tengo que escribirlo de ese modo: “La soledad al principio es agradable, como una canción favorita, como un silencio de amor, pero luego; luego es peligrosa y difícil de sacar, porque es totalmente posesiva y poco tolerante. La soledad, o en este caso específico, mi soledad era fruto de ausencia, y un poco de fracaso, de intentos fallidos, de relaciones densas, opacas. Y sin ser experto en las soledades, es cruel este tipo de soledad, porque uno no alcanza a llegar a un entendimiento puro de ella, diría que uno no está muy consciente de ella al mismo tiempo con el mundo que se batalla a diario”.

Hay algunos momentos en que la soledad es una buena amante. Diría que era feliz con ella. Casi rey, casi héroe, casi invencible. Tenía música de Spotify, películas por doquier en Netflix, una cama grande, con tres almohadas, internet, una nevera con su caja de Smirnoff, paquetes de panes y suero crema. Coca-Cola, galletas de mantequilla y mermelada, una silla para leer, una cafetera recién comprada, y una ventana con vista al malecón. Una bicicleta con ocho velocidades, y unos cuantos billetes sobre el armario a causa de mis trabajos en diseño y composición. Entonces digo que la soledad no es tan maligna, no es tan. . Es un país engañoso, tal vez solo sea eso. Y tal vez, parezca extraño, pero para mí, es sinónimo de sentirme al menos bien por un rato. Pero ok, sí, estoy solo.

Me gustan los domingos, creo que es el día diferente de la semana. Las personas por lo general suelen despertar muy tarde. Se dedican a descansar de sus pesares. Yo, en cambio suelo despertarme muy temprano. A eso de las 4:40 am ya me estoy alistando para hacer una de las actividades más placenteras que he tenido durante esta etapa de mi vida. Me lavo el rostro, me hidrato y tomo mi bicicleta. Ese aire que se enfrenta el rostro cuando ya estás en la calle es irrepetible. Es un aire de esperanza en los pulmones. Un silencio pleno, un ruido tranquilizador. Ajusto los cambios, y salgo por la avenida novena por donde actualmente vivo. Es una carretera amplia. Trato de capturar todo, todo lo que veo. No es igual al resto de días donde abunda gente. Es todo solitario, y uno que otro que camina, o que corre. Siempre son los mismos. Esta vez quería llegar al Jardín de la Casa Azul, es un lugar que está a unos 35 Kilómetros. Me toco hacer dos paradas. Los cambios estaban molestando un poco, pero a eso de las 6:40 am, logre una de mis metas: “Llegar”. Es maravilloso este lugar. Su olor es mágico, casi indescriptible. Me senté un rato a descansar, a grabar toda la escena en mi mente de este bello lugar. En esos momentos llego ella, la chica de la tienda de regalos. Totalmente distinta, sudada, con unas pequeñas gotas de sangre en una de sus rodillas. Se sentó cerca de una de las sillas. Como toda mujer, ella tenía su algodón y algo de  botiquín diminuto en su mochila.

Ben: Hola.

Paula: y también haces ciclismo, vaya chico.

Ben: Si, totalmente. Creo que toda persona no debería morir sin al menos haber vivido la experiencia.

Paula: Estoy de acuerdo contigo

Ben: ¿Sobrepasaste el límite de velocidad?

Paula: No. Amo el sonido de la mañana combinada con la velocidad. No fue nada grave.

¿Ben, cierto?

Ben: Si, eso dicen

Paula: (Risa) ¿y que más dicen?

Ben: Dicen, que no hablo mucho.

Paula: Leí que: “es mejor los que no hablan porque ellos se entienden”.

Ben: Interesante.

Paula: ¿Desde dónde vienes?

Ben: Desde la avenida novena.

Paula: 60 Kilómetros, es algo halagador. Yo vengo desde el puente las Mercedes.

Ben: Ya veo que no puedo competir con vos. Perder seria perder dos veces.

Paula: Entonces no compitamos, pero por lo menos un raspón en una de tus rodillas, seria genial.

Ben: Eso no suena nada divertido

Paula: Pero si gracioso. Soy malísima para el humor.

¿Ya te marchas o te quedas un rato más?

Ben: Solo un pequeño rato.

¿Y tú nombre es?

Paula: ¿Es en serio la pregunta?

Ben: Si, tanto como que los dos estamos aquí en la mañana de un grandioso domingo. Digamos que no nos conocemos.

Paula: Bueno, pero la vez que fuiste a la tienda, tenía un botón con mi nombre.

Ben: No lo note (Pequeña risa)

Paula: Ustedes los chicos suelen ser un tanto distraídos

Ben: ¿Te parece si recogemos silencio en esa pequeña montaña?

Paula: ¿Recogemos silencio?

¿Explícame cómo haríamos eso?

Ben: Sígueme.

Tome mi bicicleta y ella me siguió. Llegamos a unos 25 metros de donde estábamos. Dejamos las bicicletas allí juntas, y nos sentamos en aquella montaña dorada de tierra. Se veía el mar infinito. Creo que morir en una playa es tenebroso, pero creo que morir viendo su infinito es majestuoso. Apreciamos el silencio, y disfrutamos del ruido de la montaña, de las aves que pasaban y el escaso sonido de las olas que hacían lejos de nosotros, pero que nuestros infinitos ojos podían ver.

Ben: Creo que podemos irnos.

Paula: Tienes algo, diferente. No pareces muy común. 

Ben: Eso parece que es bueno. 

Paula: ¿Puedo dirigir la ruta?

Ben: Por supuesto que sí.

Yo no creo en el destino, ni en las coincidencias. Yo creo que la vida va, y punto.

Continuara. .

Ella es real

Me ausente un poco de publicar mis textos. El tiempo en algunos momentos llega a ser tan nulo hasta para uno mismo. Pero seguí escribiendo, a eso vine. Pero lo real es que necesitaba alimentarme de mi espíritu. De mis propias ideas, de mis fracasos, y de ciertas soledades que caen bien. Y lo que escribí me gusto, y con ello me sirvió para continuar, pero tenia que pasarlo por el proceso de si vale la pena de ser publicado o no, de deconstruir mis textos realizados durante estos meses. No es una tarea sencilla, pero era necesario para armar los bloques que verán pronto. 

Ahora, “Ella es real”. Pero tengo que retomar y regresar el casette de esta melodía que tanto me gusta. 

Yo pasaba por un momento jodido. intentaba que las cosas salieran bien, pero por mas esfuerzos realizados la vaina no salia. para rematar tenia una transición de emociones imperiales. Sentía como una cirugía. Un ardor al fondo del corazón. Andaba impreciso en mis respuestas, era indomable. Tenia una cantidad de preguntas que el alma me había dejado sobre el escritorio pero la razón, la razón dejo en visto. Me sentía quebrado por dentro. 

El amor es todo lo opuesto a estar cerrado. 

deconstrucción

A mediados de Junio, una de esas tardes volví a pasar por una de las playas de Saturno, y ella estaba allí, cerca. Volví a recordar de cómo conocí su nombre, y la misteriosa chica, que por gracia pude saber alguna de sus estrellas que tiene en su cielo.  Lo recordé,  y con ello me mostró lo que es el Ben de ahora con aquel chico desfachatado. Me di cuenta de la cantidad de transiciones que he tenido hasta ahora. En medio de mi complejidad, de mi testaruda rebeldía, ella aposto por mí. Se quedo justo allí donde ha permanecido durante estos cinco años. Por eso me gusta venir a esta playa con ella. – Me gusta sentarme donde la brisa ha sido generosa, donde el silencio es agradable aunque algunas veces su silencio me derrite, y en algunos me incomode, pero no tanto. Con ella la melodía salta de unos ojos de gracia a unas manos que dan sin protección, sin limitación y donde Dios me susurra constantemente amor. Me gusta recordar lo bueno de cada situación, me gusta sentir el aroma de aquella persona que ha dejado huella en mi durante estos años, y tú lo has sido niña misteriosa. Lo recuerdo con tanta alegría, como si hubiera esperado un regalo llamado: “”. El regalo fue eterno.

Recuerdo la vez en que te vi de cerca en aquel grupo de evangelismo. Pero nunca hablamos, ni nada parecido. Seguramente no era el momento de coincidir. Hasta aquel 21 de octubre del 2011 cuando el lenguaje 2.0 abrió un camino tamaño cielo. Cuando dos desconocidos iniciaron por medio de una ventana, una conversación que no ha terminado. . . la amistad fue asomada con su tiempo.

Seguramente pudiera no escribir nada para ella y estaría bien. Me ha conocido, y eso me agrada. Yo decidí abrirme con ella, y estoy contento de no haberme equivocado. Los humanos somos tan complejos, estamos llenos de ideas, y algunas bien erradas, por eso nunca sera fácil sostener una relación de amistad. No es fácil alojar el corazón en algunas personas. Ella ha sabido cuidarme, incluso en algunos momentos donde yo soy un peligro para mi.

Ella es real.  . .y no hay regalo que yo le pueda dar, que le haga sombra a tanto tiempo dedicado a este chico, no hay melodía compuesta para ella, que logre decir te quiero amiga. Intento escribir de ella, pero escribo de mi. Escribir de ella es muy complicado, hay letras que no se pueden conjugar para pronunciar su vida. Sumiko es única, y más allá de algún sentimiento de mi querer hacia ella, está el tatuaje que tengo en la piel de mi alma. 

Ella me ha enseñado el valor del momento, de la vida ahora, de la oportunidad de entender el compromiso que hay de una alma, y de lo que se puede llegar a influenciar tan solo con palabras. De aprender a confiar en Dios, y eso significa que nada está bajo mi control. Eso me ha llevado tiempo. Aprender eso, cuesta mucho corazón y coraje. Las dudas se alejan de las personas que confían en su amor. El miedo deja de ser algo cotidiano. Mi vida nació, en uno de esos momentos cuando la oscuridad se apodero de toda la luz. Sumiko asumió el papel que un amigo hace, de alguien a quién le importas de verdad y no es solamente el de acompañar, el de escuchar, o guardar silencio y pensar para escribirme algo.  Ella hizo lo que Dios afirmo en uno de sus pasajes, y es el de levantar al caído. El dolor dio a luz la promesa.  

Supere esa barrera de Alaska con Saturno. Gracias Sumi tengo algo tuyo, tengo una marca tuya.

Quiero verte sonreír al final de mi vida, Di Caho.