El cielo esperaba por mí

Uno puede pasar tanto tiempo luchando como pueda soportarlo. Quedarse a ratos en silencio, invitar a la soledad a convivir, cerrarse en cada respirar, cambiar la rutina, jugar fútbol, quedarse viendo película los fines de semana, salir por las noches con la música, en fin. Llega un momento donde uno se cansa, toma las maletas y se va. Irse con la terrible idea de que no funciono, de que no se logro. Mas cuando de cierto modo has vivido, has experimentado, lo has escuchado. Entonces atacan las preguntas.

Luego de un tiempo de andar caminando fríamente. De vivir con la normalidad de estar confundido, me eche a perder. Me fui olvidando de muchas cosas, en especial de El.

Pensé que era cuestión de solo trabajo, de cubrir un evento más, y así fui. Fui sin expectativas, sin ninguna ilusión, sin nada que pudiera llevarse mi atención. Me encontré con la sorpresa de compartir con un gran grupo de prensa, unos chicos extraordinarios que le pusieron toda su pasión.

Escuchaba, coreaba una que otra canción. Tomaba los apuntes, grababa los videos, fotos, detalles, hasta que el velo se cayó. Mi alma reconoció esa voz, el viento soplo y los bellos de mis brazos, se pusieron en pie. Los ojos comienzan a inquietarse, y a moverse mas rápido, se comienzan a mojar, y nadie esta allí para ayudarme a que no se inunden. Ya era tarde para evitar lo inevitable. La gracia de su mano siempre ha estado allí, la confianza del cielo ha estado saltando en mi cuerpo y ni yo mismo podía escapar de ello. Ahora mis pensamientos son cubiertos por el padre, El mismo padre que siempre ha estado, el mismo que besa a su hijo en ese momento. Me puse de pie en aquel salón donde cantaba Marcela Gándara, mis ojos mojados, y mis brazos se extienden. Mi rebelión, mi ceguera, mi terquedad, mis ideales, tenían su fecha de expiración. Su voz termino mi silencio, llore como un pequeño, las lagrimas nadaron por mis mejillas. No había nadie que interrumpieran el momento más esperado de lo alto, de mi bello Jesucristo.

Entregarse, impulsarse como si fuera el último segundo de estar con Él, alzar la voz, gritar que solo El, solo por El, Llegue a una cita que no sabía que tenía. El momento termino, me seque el llanto y continúe.

"El reino de los cielos viene en la pobreza, en las manos atadas, en la oscuridad. Con mis propias manos me destruyo, quemo mi futuro. llega el amanecer, es su voz, estoy soñando alcanzar el otro lado".
“El reino de los cielos viene en la pobreza,
en las manos atadas, en la oscuridad.
Con mis propias manos me destruyo,
quemo mi futuro.
llega el amanecer,
es su voz,
estoy soñando
alcanzar el otro lado”.

El cielo venia por mi y ahora era el pastor Rubén Hernández dañaba mi cabeza, y lo logro. La razón hizo eco en mis ideales, en los conjuntos diagramados que tenía ya plantado en lo que he vivido. Mi noche fue ferozmente atacada. La profundidad no tiene límite cuando se trata del rescate, cuando se trata abrir el corazón de un hijo y mostrarle que siempre he estado para él.

Christine d’ Clairo, llego a la tarima, había luces, gritos. Ema Rodríguez en la guitarra efectuaba los sonidos, el ambiente estaba listo, y allí comenzó el viento del cielo sobre la creación. Los hijos adoraban. Una sola voz en el coliseo. No había palabras que decir, pero El me amaba, El no me había cambiado por otro hijo. El me espero, me perdono, me dio su luz. El es Dios, El que es y siempre será.

Ocurrió, sucedió en la forma más inesperada, como cuando ocurre un milagro no esperado, no rogado, no pedido; como un regalo que llega a tus manos en un día cualquiera; eso fue lo que paso, así fue y así lo recibí. Pensé que ya había terminado mi año, y no fue así 🙂

"Permanecen la fe, la esperanza y el amor. Pero el mayor de ellos es el amor".
“Permanecen la fe, la esperanza y el amor. Pero el mayor de ellos es el amor”.

La felicidad es eso que no se describe, es el abrazo del padre, es un sentir que tiene una dimensión brutal que aprieta el corazón, y te hace sentir libre por completo, te vuelve la esperanza en un solo segundo, se prende el cielo en una sola fiesta y te hace ver cuán equivocados podemos andar lejos de él.

El fosforo se enciende y luego se apaga. De cada uno depende que el amor no se enfrié, que el regalo no se pierda. Cuiden su amistad con el cielo, protejan sus ojos de la cruz, amen cada segundo de vida que él nos da, luchen hasta no pensar, la eternidad es el inicio. Lo que Dios determina, no tiene fin.

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