Digo que . ..

1.5 litros de Pony Malta. Un sonido triste que sale de mis audífonos. Preguntó ¿que es tristeza? Otro vaso más hasta acabar la botella de Pony, y la melodía sigue. Preguntó ¿que me deprime? Parece que la noche acaba, pero el día siguiente es una noche igual a la anterior. Preguntó ¿que me importa? La gente no te distingue, el amigo se aproxima. Preguntó ¿quién me conoce?

Dice . ..

¿Benjy o Benjamín? ¿Ver y observar? ¿Seguir o intentar? bueno, eso no cambia que mi habitación de pensamientos discuta una salida sana para mí. Tensión, y algo irritado se ve mi rostro. Preguntas con puntas de lanza, respuestas duras e inconclusas y estamos todos allí, los implicados en este asunto. Mi llanto levanta la mano ante la adversidad y pide ser el primero en salir y de ese modo se marcha. El silencio sumiso calla, mientras las emociones hablan demasiado con el corazón que está molesto. La razón y la lógica tratan de ponerse de acuerdo ante esta situación. La soledad pide espacio y tiempo para salir a caminar, y tropezarse con el llanto que ya se fue de la habitación de los pensamientos. El pasado alza su voz y grita enojado recordando su historia. Todos deben callarse, todos quédense donde están, exclame desde mi silla. No me interrumpan, ya hablaron mucho y han hecho lo que han querido en gana, ahora es mi turno y siempre lo será. Siento su incomodidad, porque yo mismo la siento, y sé que están molestos, que están odiosos pero deben calmarse.

No es fácil para mí actuar cuando no siento la presencia de mi Dios, y sé quién es responsable de que las cosas estén así. Este no es el final si es lo que están pensando. No tienen que traer a la enfermedad silenciosa, ni mandarle un mensaje a la depresión porque ellas ya no son bienvenidas. El final de mi vida, no es el final, quiero que lo tengan claro. La muerte es dolorosa, la mía, la de cualquier ser que yo ame, pero ese dolor solo podrá ser superado con Dios, y no con las emociones tirando madre, ni con el llanto huyendo con el silencio, ni el dolor siendo amigable con la soledad, y mucho menos el pasado saludando a mis pensamientos. Aun no se aproxima mi final. No ha sido para mí nada sencillo convivir con ustedes. Tengo una historia con cada uno de ustedes de lo que aprendí. Ese calibre de preguntas y esos análisis que hacen ustedes a la gracia, me estresa.

Se lo que hay que hacer, y como hacerlo; es lo que he venido haciendo poco a poco. La esperanza se marcha cuando hay pecado, los sueños cuando no hay intentos. Y agradezco a Dios por esto que vivo. Dios acepto atender esta situación a cambio de nada, solo me pidió obediencia y no hay más nada de que contarles, solo decirles que cada uno vive su propio dilema.

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