Hospital

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Discúlpenme la ausencia, pero necesitaba suero. Me he pasado la vida tomando decisiones. Decisiones para todo. Para comer o no comer, para irme o quedarme, para despertar o seguir dormido, para dejarme tratar o hacer lo que yo pienso. Luego de muchos meses tomé una de esas decisiones que antes había tomado a la ligera, de las que me emocionaba y ya, y fue en esas divertidas y aceleradas decisiones que me equivoqué; pero que  aprendí, así que está vez volvía una situación que requería una decisión definitiva. Son esas decisiones que no merece estar la emoción presente, ni la locura suelta, sólo Dios y yo, yo y Dios.

<Las decisiones son preguntas que Dios debería responder?>

La iglesia (hospital) ha sido una de mis preguntas repetidas en mi cuaderno, y volvía a estar presente de nuevo. La pregunta estaba hecha, y mi decisión aún congelaba mi respuesta. El hecho de cambiar significaba trasladarme a un nuevo hospital, donde habría enfermeras de muchas clases, con doctores con estudios y sin ellos, con procedimientos, fórmulas y atención de manera muy diferente y de la que yo debía aceptar. Así que después de un tiempo, me traslade a ese nuevo hospital, (que un tiempo muy atrás ya había estado y del cual yo me había escapado en todo el sentido). Ese hospital, era parecido pero a la vez muy diferente (a donde yo estaba). El principio fue algo incómodo adaptarme, pero la medicación era lo elemental en ese momento para mi recuperación. El tratamiento inició. El arte de estar en cuarto al lado de unos pingüinos desconocidos fue una tarea muy compleja, dado a mi ayer.

hospital1Han pasado casi 8 meses de estar en el nuevo hospital. La sala pinguinera ha sido efectiva para mi recuperación, la paciencia y el respirar de la sala me ha hecho sentir tranquilo y confiando. Los pingüinos han sido de mucha ayuda en días donde el oleaje me ha pegado sin piedad, donde mis pies no saben naufragar. He visto los colores reales de esta sala, y he visto la Pingüina-líder sacar sabiduría y fuerzas por este pingüino terco y algo inquieto, pero sobre todo he conocido algo que no pensé conocer más (pingüinos llegar a mi corazón). Tanto ha sido mi recuperación, que he podido salir a caminar a otras salas y conocer a Pitufinha, una chica que se ha ganado mi confianza y corazón, y de la que he aprendido mucho, también pude ver a la prima de Haku, a mi hermanita, y a otros que también andan y luchan en este hospital.

Lo cierto es que yo no podría haber entrado a tal procedimiento, a este hospital sin haber querido (intención) sino hubo un comienzo, un comienzo que se llama: “la Monada”, unos pibes imperfectos dispuestos a dar por este pingüino algo más que una compañía, y qué decir de florecita, de Solecito, de niña inquieta, de Loquilla adorable, y de la dulce y bella niña linda y de la actual niña misteriosa que me deja el cabello de pie. Uno no llega a ningún rincón sólo. Yo no podría tener la recuperación por sí sólo, sino hay personas que te ayuden y te prueben. Atrás hay historias, hay noches, hay desespero que aguantaron por mí. Ese fue el inició doloroso de un pinguino rebelde que no quería someterse a un tratamiento, a un proceso que no quería vivir, que no quería escribir, ni hablar, ni ser, ese fue el inició de un  tratamiento de formación, y es por eso que estoy aquí luchando con el mejor especialista que me ha operado: Dios, el mismo que siempre arriesga por amor, olvidando cuando olvido tomar mis pastillas, y medicamentos, el sigue allí.

Continuara . . .

 

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