Pingüino

Lo que escribo aquí no dice nada de lo que fue. Cuando ya pasan las cosas ¿importan?

Llego temprano al iglú, tome el celular varias veces y marque, solio sonar varias veces hasta que se escucho:” Sistema Correo de Voz”. allí me quede en la sala de luces apagadas, pensando con el silencio abordo, recordando aventuras anteriores, sintiendo la noche enorme, viendo pasar los minutos en oscura soledad. Tengo que decir que no era mi noche, que no andaba del todo bien, pero mi cuerpo despertó, reaccionó de ese trance algo distraído y a decir verdad mi cuerpo anda depre desde unas semanas atrás, intenta vomitar y no lo consigue, intenta comer y siempre esta lleno, pero esta vez corrí al baño y vomité la poca comida que había comido: Cheese tris y Coca-Cola. Respire, traté de calmarme y luego tenia los ojitos estallando en cólera, derramando sus dulces gotas saladas producto de un cáncer en el corazón. Allí de pie, pensando a mil vatios de potencia, buscando desenfrenadamente los ¿porqués?. Me miraba al espejo o el espejo me miraba.

Han pasado algunos meses desde la última vez que estuve de frente en esta misma situación. Mirando detenidamente lo que soy, lo que veo. En verdad, pesó mas saber o tratar de entender porque llore, que saber o entender porque vomité. Últimamente he pensando en el último aliento, en como será cuando muera. Se que es un tema nada alegre, pero me gustaría que cuando llegue mi turno, seria bueno verme mis ojos, mirarme detenidamente en lo que estoy viendo. Algunos les molesta llorar, a mi a veces. Aun tengo el recuerdo de cuando era un pingüino, cuando podía mantener el silencio en mis venas sin que nadie notara lo que me ocurría, cuando podía estar de pie de frente con la avalancha sin tener el mas mínimo gesto ante la humanidad. cuando no gritaba, cuando me iba a esconder a mi iglu, cuando pasaba las tormentas con el frió cómodamente, cuando mi mirada era desconfiada ante los demás. a veces extraño esa parte de mí. Cuando era un frio-congelado con mis palabras, un inerte ante los hipócritas, un muerto al afecto, un invisible al corazón, un ciego en el alma. Quizás lo único que no extraño del pingüino es que no pienso en el que dirán de mi los demás, en que ya no me derrito como el hielo cuando voy a escribir de mí, que no le temo al miedo de una gran manera.

La gente odia a los tristes, a los que viven en los desiertos. La gente odia los problemas y los conflictos. A veces intento entenderlo todo, intento asimilar las diferentes cosas que me llegan a suceder, pero lo único que encuentro es la satisfacción de no rendirme a seguir, y creo que eso es lo único suficiente que tendré. Pero hay noches como estas, donde aparece la vida de pingüino, donde se nota que respiro con dificultad, donde aumenta la presión de la soledad, donde las dosis de silencio se notan, donde la razón de obsesiona con el corazón, donde simplemente no das para marcar lo que dice en Jeremías 33:3. La noche está por terminar, y yo voy a dormir, lo único que calma y sana a un pingüino es el abrigo celestial, es la esperanza de que aun me espera.

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