27 y Ahora Que?

Mi mundo gira con lentitud o, eso es lo que he pretendido hacer, bajarle el volumen porque hoy lo quiero de melodía es balada. Me tome tres días, me tome la oportunidad de irme de esta ciudad ruidosa para ser egoísta y pensar en mí. Pensar en todo estos momentos, en las circunstancias que me rodean, en mis amigos, en las cruces. Pensar en mi familia, en mi trabajo, en mis estudios, en mi libro, en este nuevo cuarto,  en Dios, en el amor, en los sentimientos de mi corazón que parece que no fueran míos, sino de mí.  Pensar en eso que obstruye, que frena el paso, que corta las alas, en fin, darme el tiempo reposadamente y serenamente, sin la emoción para: “PENSAR”.

Ciertamente, me encontré. Pude hacer la cronología del agua que ha pasado. Donde he visto caer, donde he dejado de ser y he sido.  Donde, he corrido y me he cansado. Donde, me he quedado solo en navidades, días, donde he llorado debajo de unas escaleritas del viento. Donde, he sentido dolor incontrolable, donde he sentido la felicidad ridícula correr sobre mi sangre. Donde, he visto llorar, he sonreído y he visto pasar las noches tirado en mi camita. Ya son 26 y este lunes 14 de Noviembre serán 27 y ahora que? Facebook, MSN, y las Redes Sociales muestran mi cumpleaños. La tradición, la costumbre, Dicen que es un día especial y yo no lo niego, solo que no me gustan los festivos =( . Dicen que la gente: los amigos, la familia, los compañeros, los perdidos te llaman, te escriben mensajes al Facebook, al celular, en postales, en papelitos, en servilletas, en el cielo. Dicen que hay que festejar, comer algo rico, salir de la monotonía para hacer de ese día algo diferente y especial. Dicen que hay que estar contento, con una sonrisa, y cero tristezas. Se dice tanto.

27 y ahora camino con mis pasos mas lento. Mi cuerpecito no anda bien, últimamente no le provoca comer, estoy más delgado, y la taquicardia aparece mas a menudo, junto con otros dolores que nunca había padecido. Observo silenciosamente y anoto en mi memoria lo que entiendo y debo aprender. Callo más seguido para preservar mi corazón. Sonrió sin abrir mis labios y no demostrar en ocasiones que pueda estar fingiendo. Voy al baño, me lavo la cara para ver como van mis ojitos. Ahora, serán 27 y quisiera y espero caminar hasta el otro lado del rio, donde no hay sillas de “REY”, de mucha lucidez, ni de alta comodidad. La responsabilidad esta en mi cedula, las circunstancias cambian la teoría de los colores, el arte de perdonar no se llevarlo hasta el final, creer que puedo crear la atmosfera para que cambien las cosas todavía no se hacerlo sin ti y el amor por esa niña linda me trasporta, me cambia, me gira y me enseña. A esta altura del viaje, hay muchos perdidos que están sentados en mi bus, otros llevan audífonos, y libros para la distracción. Algunos se bajan y no siguen mas en este bus que maneja una variedad de velocidades. Otros gritan con la mirada, una llora y me hace sentir, una abraza con sabor a beso, una se sienta a mi lado en silencio intentando hablarme, otra solamente me sonríe, mientras la pelinegra se duerme. En estos trayectos largos es inevitable que la gasolina se agote, y tenga que bajarme del bus para esperar pacientemente la espera, mientras esos que van en el bus hacen sus cosas. En este viaje que hoy marca 27 kilómetros algo que es indispensable y que he tenido que aprender con suficiente dolor y angustia es que debo, del verbo: “Necesito” que Dios este conmigo (antes, durante y después) quizás muchos sabemos mucho, pero olvidamos como siempre ocurre, algo en la carretera (quizás sea la prisa). Y esos tres días donde me fui para “Pensar”  y donde vi que me acercaba al 27, Comprendí que quiero del verbo: “Regalo” que : “ Dios se emocione con mi vida”, que llegue y se suba a mi bus que esta algo deteriorado, que atraiga su “Presencia”, creo que eso es lo mas claro que he pensado en estos días, y por lo cual he tenido tantas y tantos enredos, hasta el punto de caminar en la nada, de no ver egipcios en la carreteras, de sentir heridas en el corazón que aun no cicatrizan, de escuchar ideales perdidos que ayer eran mi filosofía y que se perdieron. Digo, creyendo que aun falta mucha carretera y muchos kilómetros por recorrer y aunque quizás muchos se bajen de mi bus y me duela, me moriría si se baja el conductor que hoy pido, deseo y exijo que conduzca mi bus: “JESUS”.

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